Cada oveja con su pareja
Introducción. A por la media naranja.

No se necesita saber mucho de refranes para deducir por dónde van los tiros al leer el título del libro. En Cada oveja con su pareja se habla de uniones, de clases, de la evolución...
El tema, a priori, parece sencillo, por lo mucho que se ha escrito, claro. Pero no es cierto, porque parejas, dúos, uniones las hay de todo tipo: convencidas, convencionales, equivocadas, de rompe y rasga, dolidas, de conveniencia, eternas, maniáticas, intermitentes, desparejadas, de ida y vuelta, por contrato, enamoradas -no podía ser de otro modo-, incluso las hay de tres. Y de cada una surge, a pesar de sí misma o por sí misma -vaya usted a saber-, una forma de funcionar que poco o nada tiene que ver con la de al lado.

Resumiendo, que existen miles de formas de relacionarse y que la pareja ha cambiado, al menos el modelo de hace unos dos siglos, que es el que se considera "normal" -y entiéndase frecuente- para las generaciones nacidas antes de 1970. Sin embargo, cada vez, se demuestra que quien quiere -y nunca mejor dicho- puede y que inventar o recurrir a formas poco habituales en nuestra sociedad, con el propósito de ser feliz es no sólo lo mejor sino también la apuesta más aconsejable. Porque, no nos engañemos, mientras los sociólogos intentan evaluar la importancia del trabajo femenino en este cambio y entender cómo cada vez son más frecuentes los "malos" resultados matrimoniales, o los psicólogos se esfuerzan por explicar el porqué de las "novedosas" formas que están aplicándose en la convivencia y el fracaso del modelo familiar tradicional; tan sólo con que dejáramos de mirarnos al ombligo occidental en el que vivimos y nos acercáramos a, por ejemplo, Asia, nos daríamos cuenta de que las variantes de pareja que funcionan mundialmente son miles. Y que si en China existe un grupo social en el que ni tan siquiera tienen incorporado a su léxico la palabra "padre" y que son las mujeres las que no sólo educan y crían a los hijos, sino también las que deciden cómo y cuándo mantener relaciones sexuales y en qué condiciones. Visto esto, ¿por qué en occidente no vamos a intentar cambiar los parámetros establecidos si no nos dan el resultado deseado...? Y ahí radica el gran cambio, lancémonos a improvisar aquella fórmula que nos satisfaga más. Que, además, es bastante fácil que acabe teniendo un resultado positivo.

Así las cosas, en este libro lo que hago es un repaso de los distintos tipos de parejas que existen actualmente en nuestra sociedad: desde la convencional que repite los pasos por todos conocidos, hasta aquella que se ha conocido por Internet, pasando por otras en las que existe una significativa diferencia de edad, las que viven una situación de adulterio prolongado -sea éste tolerado o no, conocido o no por los dos miembros-, las que se han creado a partir de una situación anómala, o poco frecuente, las que mantienen relaciones paralelas más o menos autorizadas por el otro miembro, o las que están juntas por el simple interés material de mantener la unión. Sin excluir que cualquiera de las anteriores puede, y de hecho en más casos de los que podríamos imaginarlo lo hace, acabar como pareja tradicional. Aclararé, por aquello de empezar con buen pie, que ya sé que es casi imposible, o por lo menos muy difícil, que nos sintamos identificados con uno solo de los apartados. Muchos hemos tenido más de una y más de dos experiencias y no siempre del mismo tipo. Los apartados, sin embargo, se centran en parejas concretas y se desarrollan a partir de ellas; aunque encontremos, como es lógico, derivaciones a otros tipos, pueden servir como pauta. A partir de aquí... ¡todo vale! Sólo es cuestión de echarle imaginación y de tener claro porqué o por quién queremos luchar, no puede ser de otra forma. Porque, como muy bien dijo Goethe: "Da más fuerza saberse amado que saberse fuerte". Y cada vez más, ellas, ellos, nosotros, vosotros, todos sabemos lo que queremos, lo pedimos y lo practicamos. {Empezamos a asumir que queremos compartir nuestra vida con alguien que esté a nuestra altura y si lo encontramos hacemos lo que sea por defenderlo. Algo se mueve, muchas cosas se mueven, entre las sábanas, debajo o encima de ellas.
Dicho esto, no podemos perder de vista que, conforme evolucionan las sociedades, casi mejor conforme avanza el tiempo, aparecen nuevos modelos de relación, nuevas posibilidades de unirse y de elegir dónde y cómo creemos que podemos encontrar la felicidad.


* * *

 

- ¡No puede ser! ¿Otro libro sobre parejas? ¿Es que ya no se ha escrito todo lo que había que escribir sobre el tema?, exclamaba mi amiga al otro lado del teléfono.

Yo acababa de leerle, entusiasmada, la cita anterior, sí, la que encabeza esta página. A propósito de..., bueno, ya casi ni recuerdo el nombre, dejémoslo en que a propósito de alguien que me había impactado recientemente y que -por lo complicada que era su vida sentimental, eso sí lo recuerdo- me había hecho pensar en lo difícil que sería acercarme a él, pero que, precisamente por eso, ahí estaba la gracia, o eso creía. Y una vez conseguida... se esfumó. Y yo seguía contándoles, que si la pareja tal, o cual, y por eso me puse a leer y, por eso, llamé a mi amiga y le leí la cita.

- No, verás, en lo que estoy pensando...

- Pero si es que desde la Biblia, qué digo la Biblia, Platón y compañía y antes y después y durante, todo el mundo se ha dedicado a escribir de lo mismo para no llegar a ninguna conclusión. No sé si es buena idea, la verdad -seguía diciendo-. ¿Acaso no hay más temas?, no sé globalización, racismo, el 11 de septiembre, o el traspaso de cualquier jugador de fútbol buenorro, o el estreno de cualquier película con rubia exuberante me parecen temas más acertados. A no ser qué... -añadió cambiando a un tono de preocupación que en ese momento se me antojó alarmante- y ahora ya me pongo en lo peor, ¡no se te habrá ocurrido escribir una autobiografía!

- Espera, espera... para el carro que te cuento -no me dejaba hablar-. No, no es una autobiografía, ¿se te ocurre alguien menos indicada que yo para escribir su vida? y menos sobre estos menesteres. Simplemente, estaba pensando en todos los cambios que han sufrido las relaciones sentimentales fundamentalmente a lo largo de estos últimos años, pero, sobre todo en que la pareja -casi como si fuera una institución- se mantiene con el paso de los años, de las modas, de... bueno, de todo. Y que ahora, más que nunca, la elección de con quién quieres estar, o de a quién quieres no está sujeta, en principio, a influencias externas y puedes hacer y deshacer con más facilidad -o eso parece a priori- que hace unos años.

"Un momento que me enciendo un cigarro -solté el teléfono y volé por el pasillo, la conversación iba para largo, estaba claro-. A ver -recuperé el hilo- sin ir más lejos, ¿te acuerdas el otro día?, sí, sí, en la cafetería, cuando Andrés nos contaba que se iba a divorciar. Pues bien, cada uno de los que estaba allí vivía una historia ¡distinta! Luego empecé a darle vueltas... ¿Qué pasa hoy cuándo dos personas se conocen, se gustan y se enamoran? ¿Reacciona igual una persona de 60 años que una de 30 a un flechazo? ¿Qué se entiende hoy por amor? ¿Se siguen enamorando las personas? ¿Se actúa igual que hace tan sólo 50 años? ¿Todo vale? ¿Sí? ¿No? ¿Han cambiado las cosas? ¿Se han modificado nuestros gustos? Si lo han hecho ¿de qué modo? ¿Por qué? Bueno, no sé... ¿Qué es la pareja? ¿Cómo la definimos hoy? ¿Somos y actuamos igual hombres que mujeres?

- Pues bien sencillo -cortó en seco mi amiga-, ¡qué gracia! Es la unión de dos, que se sepa eso no ha cambiado, y se forma cuando dos personas se conocen y se gustan. Punto y final.

- No, no. Ha cambiado mucho, te lo digo yo -mi tono llegado a este punto era ya de entusiasmo- porque aunque el amor es el amor no siempre se ha expresado de la misma manera, ni han sido siempre iguales las actitudes que se han tomado para intentar fraguarlo, ni iguales las posibilidades de llevarlo a la práctica. Ni la sociedad que nos juzga es... iba a decir igual de tolerante, pero quizás es mejor decir es la misma. El concepto de familia tradicional se está moviendo, bueno de hecho ha explotado, y cada vez más nacen niños fuera de la pareja, aumentan el número de divorcios... de hecho las últimas encuestas hablan de que 6 de cada 10 matrimonios acaban en divorcio. ¡Nada mal como cifra!

"Hace tan sólo veinte años sólo hablábamos de personas casadas o solteras, hoy las variedades de parejas pueden llegar hasta el infinito. Ahora, poco a poco, se han modificado los conceptos, se ha ampliado el vocabulario para hablar de la pareja, vamos, que se han creado nuevas ¿familias? De hecho, creo que las "no tradicionales" puede ser que ahora sean la norma. Porque, conforme uno se da cuenta que no le funciona el modelo en que vive, va inventando el que más le apetece seguir y lo pone en práctica. Así, casi cada uno ha inventado un modelo acorde con sus necesidades y como es un "modelo adaptado" la mayoría funcionan y funcionan bien.

La conversación con mi amiga duró casi media hora y creo que al final entendió por dónde iban los tiros. Yo no me estaba refiriendo a la pareja y punto. Yo, cuando hablaba, estaba pensando en las múltiples posibilidades que existen en la actualidad y cómo el amor sigue siendo una de las metas principales a las que todos tendemos, de una forma o de otra. Quería explicar cómo funcionan los distintos tipos de uniones que existen en nuestra sociedad.

En definitiva, vivimos en un mundo lleno de contradicciones. Porque, aunque ahora ya nadie crea que va a esperar eternamente la llegada de su amado y no acabe de estar muy de moda eso de hacer y deshacer jerséis como Penélope, lo cierto y verdadero es que el amor sigue de moda, por más que la pareja, tal y como se ha entendido siempre, parece que está en crisis. A diestra y siniestra, oímos que el matrimonio está de capa caída y que no funciona, y todos, más o menos directamente, estamos rodeados de divorcios y separaciones que, en su gran mayoría, poco después repiten, con mayor o menor fortuna, su intento. Sin embargo el número de matrimonios aumenta a diario. Y, por más que muchas nos empeñemos en ser heroínas que nunca lloran a moco tendido, desengañaros muchas lo hacemos -¡glups!-, lo hacen, cuando por lo que sea algo "rompe" una relación que parecía... ¿definitiva? La diferencia es que ahora ya no nos quedamos ahí, se llora unos días (o no) y a buscar el amor de nuevo, porque existe y hay que localizarlo. Frente a esto, la sociedad en que nos ha tocado vivir no deja de repetir los esquemas tradicionales: las novelas románticas (no las llamaremos rosas, que parece que tienen peor prensa) siguen vendiendo ejemplares a miles; las películas de amor consiguen recaudaciones enormes; series de televisión-norteamericanas, claro está- con protagonistas treintañeras que sólo quieren conseguir un hombre con el que tener una relación de pareja estable barren con los índices de audiencia. Vamos que el amor sigue estando de moda.

Parece claro que tener o aspirar a tener una pareja y a enamorarse es algo que está en nuestra mente. Y por más que todos tengamos un amigo soltero que siempre tenga en la boca aquello de que él sigue sólo porque todos sus amigos casados están ya separados, o que las parejas que le rodean no son precisamente un modelo de felicidad, o que más vale estar solo que llegar a casa y recibir broncas o encontrar mal rollo... algo tendrá este "asociacionismo de dos" para que la mayoría del personal quiera alcanzarlo ¿no? Los tiempos están cambiando y es evidente que la imagen tradicional que se tenía antes -una, para toda la vida y sellada por la iglesia- ya no se corresponde con la realidad. O, al menos, no con la única realidad posible. Y no sólo ha variado el tipo de uniones que existen en la sociedad, sino también nuestra actitud frente a ellas. Y, aunque vivimos en una sociedad que se empeña en premiar la situación de pareja única para siempre, la verdad es que estamos en un momento en el que lo más normal es que veamos, o vivamos, un ir y venir de parejas que en el mejor de los casos se mantienen unos años. De modo que lo normal es que cada uno de nosotros reconozcamos en algún capítulo, o parte del mismo, experiencias propias. Porque, aunque alguno de los lectores de este libro no encontréis vuestra historia fielmente reflejada, habrá puntos que coincidan con éste o aquel amigo o conocido, o con uno mismo si acaban por ser sinceros. Ya que, no nos engañemos, por más que nos creamos súper originales, queramos o no, las historias, suelen repetirse y siguen unos parámetros muy parecidos. Somos, por lo general, bien poco originales aunque nos guste, claro, creer que somos los únicos del mundo que estamos viviendo esa experiencia. Y sino ¿por qué el amor, las relaciones han sido el tema central de cientos de letras de canciones y miles de poemas y siempre hay alguno de ellos con el que nos sentimos claramente identificados? Pues, porque sentimientos, actitudes y deseos se repiten en más casos de los que nos imaginamos y un verso o una estrofa pueden reflejar los sentimientos de miles de personas a la vez.

¡El maravilloso mundo de la pareja!

El mundo de las relaciones personales no es un camino de rosas, está claro, pero ninguno lo es, y no hemos venido aquí a pasarlo mal -aquí sí que parece haber influido, y mucho, la incorporación de la mujer al terreno laboral-; de modo que ahora aguantamos menos que antes. Porque ésta sigue siendo característica exclusiva de la mujer, lo del aguante, se entiende. Cualquiera que haya decidido en algún momento adentrarse en tan "temible laberinto" -la frase no es mía, sino de un amigo con larga tradición de fracasos sentimentales, me ahorro los comentarios- se habrá dado cuenta de que no sólo es fácil llevarlo bien, sino que además es bastante frecuente, conforme avanzamos por el bosque, clavarnos una, o dos o incluso más espinas en el camino o, simplemente, que se te seque la flor porque no la has regado. La gracia radica, como en casi todo, en cuánto cuesta quitársela, si está más o menos introducida en el cuerpo o si tenemos o no tiritas a mano para evitar que siga sangrando la herida.

Cierto es que hay personas que saben esquivar con más gracia el pinchazo (personas a las que envidiamos el resto, porque no es fácil), otras que se quitan con tanta facilidad la espinita que apenas se nota y siguen a la búsqueda y las hay que llevan permanentemente una tirita puesta para evitar heridas. En cualquier caso, la inmensa mayoría reincide, casi sería mejor decir repite la búsqueda de su media naranja, porque lo que la mayoría busca, a las encuestas me remito, es encontrar la felicidad. No voy a entrar en analizar lo que la felicidad supone. Bastante tengo con hablar de la pareja, pero es la palabra con la que todo el mundo relaciona su estado de ánimo si su relación "funciona". Y puestos a decir de lo que no hablaré, aclararé que no voy a estarme con análisis sesudos acerca del léxico que utilizamos, que a buen seguro darían para un libro completo, pero que no deja de ser sorprendente que utilicemos el mismo verbo "funcionar"- para hablar de ella y para describir el buen estado de cualquiera de los electrodomésticos que tenemos en casa. ¡Paradojas!

Bueno, retomemos el tema y la búsqueda de la felicidad. Porque de hecho de lo que va este libro es de eso, de relaciones, felices, claro. De las distintas formas que existen en la actualidad de ser, formar, o tener una pareja; de los distintos mecanismos que nos inventamos para ser felices. Se tarda más o menos en conseguirlo, uniones felices haberlas haylas, y muchas, y de muy diversos tipos. No es tan difícil, o al menos eso parece. Sólo hay que tener claro un objetivo (esto no es una guerra pero sí requiere estrategia), dar con la persona adecuada, un poco de mano izquierda, y ¡zas! propósito conseguido. Y, cómo no, descubrir cuál es la fórmula en la que nos sentimos más cómodos para convivir. La posibilidad de que tengamos la suerte de dar con ella en un mundo tan poblado como el nuestro eso es ya... harina de otro costal.

Otra de las cosas que tenemos que tener claro, han añadido bastantes de las personas con las que he hablado para escribir este libro, es lo que estamos dispuestos a dar -a sacrificar han llegado a decirme algunos- para tener una pareja. Hasta qué punto podemos modificar lo que para nosotros son principios por convivir con otra persona, por conseguir el amor deseado. Y aquí es donde los cimientos más o menos asentados en nuestra cabeza pueden desmoronarse, porque la cosa, aunque a priori parece fácil, no siempre lo es tanto y porque muchas veces no son muy válidos los refranes que dicen "De esta agua no beberé; y este cura no es mi padre", porque al menos del agua acabas bebiendo en más ocasiones de las que te imaginabas.