La directora de cine acaba de rodar un documental sobre los voluntario de la catástrofe medioambiental del ‘Prestige’. Afirma que se pueden hacer cosas sin subvenciones públicas – La Marea 28/6/2012

// A punto de aceptar una oferta para rodar una comedia de tintes románticos y fantásticos en EEUU, Isabel Coixet cierra un periodo de más de un año en el que se ha dedicado a reivindicar y transmitir su particular visión de la vida. Un documental sobre la figura del juez Baltasar Garzón, otro sobre la desertización del mar de Aral y un tercero, Marea Blanca, sobre los voluntarios que acudieron a las costas gallegas hace diez años para ayudar a limpiar el desastre ecológico que supuso el hundimiento del petrolero Prestige son sus principales trabajos. A ellos hay que añadirle un anuncio para concienciar sobre la prevención del cáncer de mama.

Marea Blanca cuenta con una web a modo de monumento virtual que incluye la foto panorámica más larga del mundo. El documental y las historias de cada uno de los protagonistas están disponibles en la web Save the Beach (www.savethebeach.org/marea-blanca), concebida como un monumento virtual para recoger la mayor cantidad de nombres de los 300.000 voluntarios que, vestidos de blanco, lucharon contra la marea de petróleo.

¿Qué queda de aquel 2002 en las playas gallegas?
Aunque el tiempo pasa muy rápido la realidad sigue ahí; por eso queda la necesidad de concienciar a la opinión pública sobre el estado de las playas y la necesidad de cuidarlas y preservarlas. Para ponernos en antecedentes, el Prestige fue un petrolero al que se le abrió una brecha en el casco por donde liberaba crudo. La ineptitud de la clase política que gobernaban ese momento no supo gestionar el problema antes de que el desastre fuera inevitable y salieran miles de toneladas de chapapote. Los héroes de la playa venidos de fuera, esos cientos de miles de voluntarios de todos los países, lugares y clases que no soportaron lo que veían en los televisores y vinieron a ayudar a limpiar las costas gallegas son los protagonistas. Ellos son el arranque de Marea Blanca, trabajadores incansables que aún no han recibido su justo homenaje.

¿Qué ha sido lo que más te ha impactado en el rodaje?
La demostración de que, si la gente se une con un motivo y una causa concreta, es posible cambiar las cosas. El documental ha sido la una manera de dar la vuelta a un evento trágico; para mi a nivel humano ha sido emocionante, porque me ha recordado que juntos podemos.

¿Tiene sentido comparar la energía y el ánimo de los voluntarios, y lo que la ciudadanía podría hacer hoy para sacar adelante el país?
Claro que podríamos hacer un paralelismo. Yo, tras rodar las experiencias de los voluntarios sacando toneladas y toneladas de fuel, creo que la unión hace la fuerza. Lo que pasa es que en la actualidad hay tantos Prestige que no sabríamos por dónde empezar. Por eso hay que seleccionar y ver dónde están las prioridades. Es como cuando vas al psicólogo y le cuentas todos los problemas que tienes. Hay que establecer prioridades. Yo abogo por escoger una causa concreta y echar una mano en ella entre todos.

¿El mundo del cine tiene la obligación moral de acercarnos la realidad?
Sin cultura solo nos queda la barbarie. Nosotros tenemos la suerte de contar con un medio que llega a miles, incluso a millones de personas, y sí, podemos y debemos ayudar con nuestro trabajo. Y no solo eso, además debemos ser conscientes de las prioridades que tiene el país y quejarnos menos.

¿Y no pedir subvenciones?
Por ejemplo. También es posible hacer cosas sin subvención y casi sin dinero. Si alguien quiere expresarse hay muchas maneras de hacerlo. Y si algo bueno tiene Internet es la capacidad de llegar a todo el mundo. Pero para que lo que uno haga tenga sentido debe tener un punto de vista realmente fuerte, original y construido. Y para eso hace falta una formación humanística profunda.

¿Están los artistas preparados para esa renuncia?
Estamos en un momento en que sería totalmente absurdo por parte de los cineastas reclamar cosas que en este contexto no son una prioridad. Cuando los discapacitados, los ancianos y las familias monoparentales están padeciendo recortes brutales, que el cineasta reclame dinero para llevar a cabo sus sueños no me parece prioritario, es incluso frívolo. Las subvenciones al cine tienen que concederse a las óperas primas, pero después no tienen razón de ser.

¿Y qué hacer con las ayudas a las empresas que han quebrado por su mala gestión?
Lo mismo. Mejor dicho y, para ser concretas, en el caso de Bankia, por ejemplo, a mí me resulta muy difícil entender qué está pasando. De hecho, creo que ni siquiera los que se supone que saben lo que está sucediendo entienden algo. Como medida de sentido común, propondría que si el Estado inyecta toneladas de millones en una organización como Bankia, que parece que solo tiene pisos vacíos, se quedara al menos con esas propiedades, y se las pasara a gente sin recursos a bajo coste. Que sirva para algo real la financiación. Si esto es así, seguro que yo, y muchos españoles, que estos días tenemos que pagar nuestros impuestos lo haríamos mucho más felices.

Isabel Coixet: “Reclamar dinero para el cine en este momento me parece frívolo”

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